About me

Tengo más sordera selectiva que sordera en sí, o eso dice mi marido. Según él escucho y oigo lo que me da la gana.

Entre tú y yo, razón no le falta, pero nunca se lo reconoceré abiertamente.

Por tanto soy una sorda selectiva que encima habla por los codos y no sabe signar nada.

Sí, sí. Has leído bien: una sorda que habla y no sabe lengua de signos. Con esto pensarás que mi sordera es leve o tardía, pero nada más lejos de la realidad.

Nací sorda. Hipoacusia bilateral severa-profunda, que en cristiano significa que sin mi audífono y mi implante coclear el silencio es mi estado natural. Aunque de una mascletà sí me entero, ¡eh!

Y sí, ya me estoy imaginando tu cara.

Esa cara de incredulidad que me encanta. ¿Y sabes por qué? Porque detrás de ella hay una historia de la que me siento muy orgullosa. Orgullosa de haber construido un puente entre dos mundos, el oyente y el sordo. Y orgullosa de la familia que luchó para que ese puente fuera posible.

Así que no, ni me compadezco ni me avergüenzo de mi condición. Tengo un audífono, un implante, mucho que contar y un marido que jura y perjura que me hago la sorda cuando me conviene.

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Anaim Albarral
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